Los grupos municipales de PSOE y Hacemos Córdoba pedirán de nuevo en el Pleno de Córdoba Mezquita-Catedral la gestión pública del monumento después de que el incendio del pasado 8 de agosto haya vuelto a evidenciar, según ellos, «la urgencia impostergable de un modelo de gestión profesional, participativo y acorde con los estándares que prescribe la Unesco«, que en 1984 declaró el edificio Patrimonio de la Humanidad. La petición se vertebra a raíz de una moción conjunta que los grupos de izquierdas promueven en colaboración con la Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba.
Si observamos la frase del señor Hurtado de forma aislada, podríamos deducir que se trata de un sintagma lleno de sentido común. Un portavoz municipal, aspirante a ocupar la Alcaldía, es lógico que se proponga recuperar para la ciudad un legado patrimonial construido, mantenido y financiado por generaciones de ciudadanos a través de los siglos (amén). Mucho más incomprensible resulta contemplar a otros munícipes esforzarse cada día en defender la privatización de un conjunto monumental genuinamente cordobés, símbolo comunitario indiscutible de todos nosotros.
Hasta ahí todo en orden. Pero si colocamos la frase del señor Hurtado en su debido contexto se nos caen sus piezas como un castillo de naipes. Por ejemplo. Si el señor portavoz municipal cree honradamente que la Mezquita de Córdoba es un bien de dominio público, podría, pongamos por caso, elevar al señor ministro de Justicia una petición fundamentada sobre el deber del Estado en impedir la apropiación ilegítima de un tesoro esencial del patrimonio común.
El portavoz socialista, Antonio Hurtado, ha señalado que el incendio recientemente sufrido por la Mezquita Catedral ha sido debido a una “negligencia temeraria”, y ha criticado que la “dejadez institucional” ocasiona que, en estos momentos, el principal monumento de la ciudad no tenga ni Plan Director ni Plan de Gestión, de los que son competentes los Gobiernos de la Junta de Andalucía, presidido por Juanma Moreno, y el Gobierno del Ayuntamiento de Córdoba, presidido por José María Bellido.
En concreto, Hurtado hace mención a que el Plan Director de la Mezquita-Catedral de Córdoba 2020-2030 está aún pendiente de aprobación definitiva por la Junta de Andalucía. Un plan que el Cabildo promovió en el 2020, para actualizar el primer Plan Director de 2001, tomando como referencia la propuesta del nuevo Plan Nacional de Catedrales del Ministerio de Cultura, que pretende como novedad la inclusión de medidas de conservación preventiva, la accesibilidad, la difusión del conocimiento o el patrimonio inmaterial asociado al bien, entre otros.
La mañana del 29 de mayo de 1910 se levantó borrascosa en Córdoba. Al filo de las dos de la tarde, las nubes descargaron una imponente tormenta de granizo. “Mayores que almendras”, describió gráficamente El Defensor de Córdoba. Sobre las tres, un rayo impactó en la corona del cimborrio del crucero. Sonó un trueno seco y los cascotes de un escudo de escayola cayeron sobre el púlpito de la Catedral.
A esa hora, según indicó la prensa local, se encontraba en el crucero un niño del coro, un anciano, varias religiosas rezando y una inglesa. El periodista también identificó al beneficiado José Luque Ramírez. No fue hasta minutos después cuando alguien dio la voz de alarma sobre una columna de humo que se elevaba por encima de la cúpula de la Catedral. Una mujer y varios señores que se encontraban en la farmacia de Manuel Criado divisaron la humareda que no presagiaba nada bueno.
«La mezquita de Córdoba ardió porque la Iglesia usa zonas de almacén sin seguridad»
Miguel Santiago es miembro de la Plataforma Mezquita de Córdoba, hermana en Recuperando de la Plataforma Navarra del Patrimonio. Ambas luchan contra las inmatriculaciones y por una gestión pública del patrimonio. Santiago considera que el incendio en la mezquita fue fruto de una negligencia.
Miguel Santiago, autor del libro ‘Los obispos en la Mezquita de Córdoba’. (NAIZ)
¿Qué responsabilidad tiene la Iglesia y el Cabildo Catedralicio en el incendio de la Mezquita de Córdoba? ¿Es el momento de recuperar la propiedad?
La recuperación de la titularidad pública de la mezquita es una reivindicación que tenemos desde que nació la Plataforma Mezquita de Córdoba, en 2013, pero no la única. Queremos que se retire la inmatriculación, porque entendemos que los bienes patrimoniales son del pueblo y no de una institución privada, como es la Iglesia católica. Pero además de eso, queremos que esos bienes patrimoniales tengan una buena gestión. Y en el caso de la mezquita, lo grave es la gestión que se está haciendo del monumento.
-¿El informe del comité nacional español de Icomos sobre el incendio en la Mezquita-Catedral llegará a la Unesco?
-Va a Icomos Internacional y llega a la Unesco.
-¿Tienen plazos para su elaboración?
-No. De hecho, todavía faltan algunos informes que se están elaborando, de Policía Judicial, etcétera. Son varias fases las que se tienen que trabajar ahí todavía. Ahora están en la fase de emergencia, toman las medidas encaminadas a proteger el bien. No entran en ningún momento ahora en la restauración. Entrarán cuando tengan todos los estudios que tienen que realizar previamente.
El Cabildo se apropió de la Mezquita de Córdoba en 2006 aprovechando un privilegio franquista que equiparaba a la Iglesia católica con la Administración y a los obispos con notarios
La consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo junto a representantes del Cabildo en la Mezquita de Córdoba
Desgraciadamente, no es la primera vez que arde la Mezquita de Córdoba. En mayo de 1910, un rayo provocó un incendio en el crucero de la Catedral, el corazón católico del monumento. Un guarda municipal fue el primero en subir al tejado y avisar a los bomberos. Después acudieron los concejales, los directores del Museo Provincial y de la Escuela de Artes, el arquitecto municipal y el gobernador civil. El alcalde coordinaba el operativo. Todos estuvieron presentes en la tragedia menos el obispo. Un diario católico justificó su ausencia porque el asunto “no es incumbencia del clero”. A preguntas del redactor del Diario Córdoba, que tuvo que desplazarse al Palacio Episcopal para entrevistarlo, el obispo manifestó “que siempre ha sido partidario de que se adoptaran en nuestra Mezquita las medidas preventivas de los pararrayos, como los tiene el Palacio Episcopal y el Seminario, que son de su incumbencia, pero él no podía hacer nada en ese sentido referente a la Catedral, que era de incumbencia del Estado”. Así pues, quede claro desde ya que a comienzos del siglo XX el obispo de Córdoba reconocía públicamente que la Mezquita no era suya, y denunciaba al Gobierno como el único responsable de lo ocurrido al atribuirle la titularidad y la competencia exclusiva sobre la gestión del monumento.
He tenido el raro y desgraciado privilegio de ver arder la Mezquita-Catedral de Córdoba. Es un suceso que sólo ha ocurrido tres veces a lo largo de su historia, la última el pasado viernes 8 de agosto de 2025. Me dirigía con mi mujer a la judería a dar un paseo y cenar algo, cuando saltó un mensaje en su móvil y vimos las llamaradas que emergían por encima de la techumbre, y dos minutos después ya estábamos en la zona acordonada, llena de coches de policía local y nacional, y pudimos oler a quemado, casi tocar el olor a quemado, al igual que los turistas y curiosos que deambulaban por la zona.
El incendio alegró a varios centenares de personas, que en las redes lamentaban que el fuego se hubiese quedado corto. En España, en 2025, hay centenares, quizás cientos de miles de personas dispuestas a llegar más lejos que Fernando III el Santo, conquistador de la ciudad, y que los Reyes Católicos, que preservaron la Mezquita hace varios siglos, en plena guerra, conscientes de su valor patrimonial y de su trascendencia monumental.
Quienes han salvado la Mezquita en 2025 han sido los bomberos, gracias a su actuación profesional, rápida y decidida. Y el origen del fuego no ha estado en un accidente, o en un rayo -como contempla el Plan Director del conjunto monumental-, sino que se ha originado en una capilla utilizada como almacén, donde se cargaba una barredora eléctrica rodeada de papeles y sillas, y quizás incluso de productos de limpieza inflamables, aunque esta información debe ser confirmada por el informe pericial. No ha sido un accidente, ha sido una negligencia.
El portavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Córdoba y exdiputado socialista en el Congreso, Antonio Hurtado, ha propuesto al alcalde, José María Bellido (PP) que trate de “recuperar la propiedad de la Mezquita-Catedral como bien de dominio público”.
En un post en redes sociales, el que fuera candidato socialista en las últimas elecciones municipales (en las que el PP ganó por mayoría absoluta y el PSOE fue segunda fuerza), ha propuesto incluso una manera que, a su juicio, permitiría disputar la inmatriculación que hizo el Cabildo del monumento en el año 2006, al amparo de una modificación de la Ley Hipotecaria que hizo el Gobierno de José María Aznar en el año 1998.
El grave incendio del pasado viernes, 8 de agosto, en la Mezquita-Catedral de Córdoba ha abierto serios interrogantes sobre el protocolo de seguridad y el modelo de gestión de un monumento Patrimonio Mundial de la Unesco. A falta de un informe pericial que determine las causas exactas del siniestro, todo parece indicar que su origen se localiza en una barredora eléctrica almacenada junto a material de limpieza y numerosas sillas de madera apiladas en una capilla situada en la nave de Almanzor, en el flanco oriental del edificio.