
He tenido el raro y desgraciado privilegio de ver arder la Mezquita-Catedral de Córdoba. Es un suceso que sólo ha ocurrido tres veces a lo largo de su historia, la última el pasado viernes 8 de agosto de 2025. Me dirigía con mi mujer a la judería a dar un paseo y cenar algo, cuando saltó un mensaje en su móvil y vimos las llamaradas que emergían por encima de la techumbre, y dos minutos después ya estábamos en la zona acordonada, llena de coches de policía local y nacional, y pudimos oler a quemado, casi tocar el olor a quemado, al igual que los turistas y curiosos que deambulaban por la zona.
Enrique Benítez, El Español | 14 agosto 2025
El incendio alegró a varios centenares de personas, que en las redes lamentaban que el fuego se hubiese quedado corto. En España, en 2025, hay centenares, quizás cientos de miles de personas dispuestas a llegar más lejos que Fernando III el Santo, conquistador de la ciudad, y que los Reyes Católicos, que preservaron la Mezquita hace varios siglos, en plena guerra, conscientes de su valor patrimonial y de su trascendencia monumental.
Quienes han salvado la Mezquita en 2025 han sido los bomberos, gracias a su actuación profesional, rápida y decidida. Y el origen del fuego no ha estado en un accidente, o en un rayo -como contempla el Plan Director del conjunto monumental-, sino que se ha originado en una capilla utilizada como almacén, donde se cargaba una barredora eléctrica rodeada de papeles y sillas, y quizás incluso de productos de limpieza inflamables, aunque esta información debe ser confirmada por el informe pericial. No ha sido un accidente, ha sido una negligencia.








