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Mes: agosto 2026

El poder de la Iglesia Católica en España: un patrimonio forjado a base de privilegios e injusticias

El poder de la Iglesia Católica en España, sustentado en un patrimonio inmenso, una financiación privilegiada y una influencia social arraigada, plantea interrogantes sobre el secularismo y la equidad.

Ricardo Guerrero, Periodismo Alternativo | 6/08/2026

La Iglesia Católica en España ha mantenido durante siglos un poder e influencia que trascienden lo espiritual, consolidándose como una institución con un vasto patrimonio, una financiación privilegiada y un papel destacado en la sociedad, a menudo a costa de un secularismo incompleto. A pesar de los avances hacia un Estado laico, su arraigo histórico, reforzado durante el franquismo, y su presencia en ámbitos como la caridad y la educación, evidencian que sigue siendo un actor clave en el panorama español. Este artículo examina su poder económico y social, así como las críticas sobre su falta de transparencia y su relación con el Estado.

Patrimonio: Un imperio inmobiliario

La Iglesia Católica es una de las mayores propietarias inmobiliarias de España, con un patrimonio que abarca más de 100.000 propiedades, según estimaciones de organizaciones como la Coordinadora Recuperando. Este vasto conjunto incluye iglesias, conventos, terrenos agrícolas y viviendas, muchas de las cuales fueron adquiridas o consolidadas a lo largo de la historia mediante donaciones, privilegios reales y, en tiempos más recientes, procesos controvertidos como las inmatriculaciones. Durante el franquismo (1939-1975), la Iglesia recibió un trato de favor excepcional: el régimen le permitió registrar a su nombre miles de bienes sin necesidad de justificar su propiedad, amparándose en la Ley Hipotecaria de 1946. Este mecanismo, que se prolongó hasta 2015, le otorgó la titularidad de inmuebles como la Mezquita de Córdoba, desatando críticas por lo que muchos consideran un «robo legalizado».

Artillería contra la razón

Defenderse es lo que mejor saben hacer. Y como buenos estrategas, saben que la mejor defensa es un buen ataque. Ya no cuentan con el potro, descubridor absoluto de todos los “pecados” buscados por el verdugo. El potro murió de viejo, pobre animal, con lo cual ya no tienen guardias (policía) propia, ni potestad para juzgar y condenar, y lo de Pedro Botero ya no cuela, pero siguen contando con un nutrido ejército de seguidores, fanáticos como aquellos, desinformados, por eso muy fieles, dispuestos a defender sus actos por encima de cualquier razón. Ahora hay quien se escuda en su licenciatura o doctorado en Historia. Por cierto, el torero dijo “Hay gente pa tó”, y en ese grupo se auto incluyen algunos “historiadores”, destacados por su pasión en repetir la versión oficialista, la más reaccionaria y fantasiosa, y como si la repetición pudiera hacer verdad la mentira, defienden como indiscutibles las batallas de La Janda (para algunos de Guadalete), Covadonga o incluso Clavijo.

Rafael Sanmartín, Plataforma Defensa Patrimonio Sevilla |  8 agosto 2026