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Artillería contra la razón

Defenderse es lo que mejor saben hacer. Y como buenos estrategas, saben que la mejor defensa es un buen ataque. Ya no cuentan con el potro, descubridor absoluto de todos los “pecados” buscados por el verdugo. El potro murió de viejo, pobre animal, con lo cual ya no tienen guardias (policía) propia, ni potestad para juzgar y condenar, y lo de Pedro Botero ya no cuela, pero siguen contando con un nutrido ejército de seguidores, fanáticos como aquellos, desinformados, por eso muy fieles, dispuestos a defender sus actos por encima de cualquier razón. Ahora hay quien se escuda en su licenciatura o doctorado en Historia. Por cierto, el torero dijo “Hay gente pa tó”, y en ese grupo se auto incluyen algunos “historiadores”, destacados por su pasión en repetir la versión oficialista, la más reaccionaria y fantasiosa, y como si la repetición pudiera hacer verdad la mentira, defienden como indiscutibles las batallas de La Janda (para algunos de Guadalete), Covadonga o incluso Clavijo.

Rafael Sanmartín, Plataforma Defensa Patrimonio Sevilla |  8 agosto 2026

Historiadores chicos creídos poder ser grandes haciendo chicos a quienes no se conforman con lo ya escrito, por el contrario buscan, investigan, analizan, quieren llegar al fondo, por eso llegan con frecuencia, ahí están, frente a los pseudo historiadores, Américo Castro, Hijano del Río, de Villar o Ruiz Romero para enseñar qué significa la palabra “historiador/a”. Otros se conforman con repetir. Es el caso del prestigiado Sánchez Albornoz, quien no satisfecho con dar por bueno el episodio de Pelayo, se toma la molestia de imaginar la alocada huida de los vencidos, muchos de ellos despeñados en su ciega carrera para librarse de la derrota.

Además de estudiar historia, hay que entenderla. Además de leer, hay que interpretar. La respetable historiadora afirma que el Patio de los Naranjos es propiedad del Arzobispado de Sevilla desde 1252. Vaya con Alfonso, ¿tanto le urgía que no pudo esperar a enterrar a Fernando, su padre? En fin, esto sólo es un episodio. Una de las razones aducidas es que la Catedral no fue desamortizada. Lo cierto es que la desamortización buscaba bienes vendibles para mejorar la depauperada Hacienda pública, tanto, que la reina gobernadora y Mendizábal soportaron con resignación la excomunión; ahora los y las adictas, siguen defendiendo la propiedad de la Iglesia con subterfugios, pese que Juan Pablo II cerró el infierno hace algunos años. Pero la desamortización demuestra que los bienes entregados a la Iglesia, todos, incluidos los grandes predios recibidos por esta y por la nobleza en pago a su participación en la conquista, incluso antes de haberlo conquistado; era una cesión, un usufructo. Por eso los Arzobispados y Obispados no pudieron presentar ningún documento a los registradores, lo cual anula plenamente las inmatriculaciones.

La desamortización no fue una expropiación. La Catedral de Sevilla, con sus “anexos” (Giralda y Patio de los Naranjos) es una de esas cesiones y no fue desamortizada porque no tenía clientela.

Pero, aún en el caso hipotético de que la Mezquita hubiera sido regalada al Arzobispado, esa entrega era ilegítima. Blas Infante, notario, por tanto con buen conocimiento del Derecho, afirmó: “Todo latifundio es ilegal en su origen”. Su origen es precisamente haberlo recibido como derecho de conquista, justamente el mismo caso de la Mezquita, en cuyo suelo se construyó la Catedral aunque pervivieron la torre y el patio de abluciones. Sevilla nunca había formado parte del reino de León, y la conquista de un espacio ajeno es ilegítima e ilegal, como lo es la misma guerra. Haberla regalado habría sido una doble ilegalidad. Y los delitos contra las naciones nunca prescriben. (También deducción de Blas Infante). Toda conquista por tanto, pasa a la jurisdicción del rey, en la Edad Media, y desde la desaparición de los señoríos al Estado. Pero el Estado no es el gobierno: es el pueblo. El común.

Otra razón para el caso de que Alfonso X olvidando su apelativo, hubiera regalado realmente la Mezquita, sin corresponderle: es el derecho contraído por la costumbre; su uso continuado se convierte en norma, en un derecho contraído. Ya no es solamente “el deseo de los sevillanos” de poder seguir disfrutando del único jardín público existente en el centro de la ciudad, es el derecho a mantener y respetar una costumbre de siglos, un lugar público por su naturaleza y filosofía, por eso nunca había sido cerrado, ni antes ni después de su conquista, hasta que el Arzobispado decidió considerarse por encima del Derecho y de la Historia.

Es radicalmente falso que no haya sido inmatriculado. Fue inscrito en el registro como “anexo” junto a la Giralda, en el mismo momento de inscribir la Catedral. Pero si la Iglesia hubiera contado con un documento de propiedad ¿Por qué no lo esgrimió? ¿Por qué no lo presentó al registrador? ¿Se consideraban por encima del Derecho? ¿Por encima del bien y del mal? Es evidente; hay suficientes y poderosas razones para que el Patio, y mucho más, vuelvan al Común, su propietario legítimo.

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Publicado en Andalucía