La entidad, impulsada por la profesora Belén Boloqui, lamenta el momento actual de «destrucción del patrimonio histórico» en Zaragoza a pesar de su labor

Iván Trigo, El Periódico de Aragón | 17 mayo 2026
Hace ahora 30, una profesora de la facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza asistía frustrada a las intenciones de la Administración de tirar abajo la azucarera de Épila. «Aquello me indignó y empecé a pulsar el ánimo de mis compañeros de la facultad de Filosofía y Letras sobre lo que estaba pasando con el cuidado del patrimonio», recuerda Belén Boloqui. Entonces nació Apudepa, la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, una entidad que ha marcado el devenir de la lucha por la conservación y la catalogación de las joyas de una tierra muchas veces maltratada pero que también se ha maltratado a sí misma.
Preguntarle a Boloqui por el presente resulta algo desalentador. «En estos últimos 30 años de existencia de Apudepa estamos asistiendo ahora al momento más destructor del patrimonio histórico de la ciudad», dice en referencia a Zaragoza, una urbe que en los últimos años ha visto como desaparecían el colegio Jesús y María, el convento de Jerusalén, casas y edificios del Casco Histórico como el de la calle Estébanes que se está demoliendo, el edificio de Correos de Anselmo Clavé, Averly… «Hemos tenido, y tenemos, muchos sinsabores, también algunas alegrías, pero sobre todo nos queda la satisfacción del deber cumplido», añade Boloqui, quien ejerce actualmente de presidenta de Apudepa y que fue una de sus impulsoras.
A pesar del momento presente, Boloqui recuerda con orgullo aquellos inicios. «Fue el profesor y compañero Gonzalo Borrás el que me dijo que acudiera al abogado Emilio Gastón, que venía de ser Justicia de Aragón, porque él tenía ideas al respecto y así fue. Acogió la idea de fundar la asociación con los brazos abiertos y siempre tuvo claro el título de Acción Pública que incluímos en el nombre de la entidad. La Constitución Española recoge el derecho de los ciudadanos a defenderse de los abusos de la administración y eso es lo que hacemos», defiende.
Las victorias de la lucha
En estos 30 años de trayectoria, Boloqui recuerda tres hitos o momentos especialmente alegres o astisfactorios en lo que se refiere a la misión de esta asociación. Uno fue cuando consiguieron tumbar los planes que pretendían, allá por 2007, añadir una planta extra al edificio de la antigua estación de Canfranc. «Conseguimos conservar la silueta que hoy todo el mundo tiene en la cabeza», menciona.
En tiempos más recientes, Boloqui recuerda también la lucha contra el derribo de Averly, una de las principales campañas de Apudepa en toda su historia. Fue justo hace 10 años y el resultado de su acción tuvo luces y sombras, reconoce. «Logramos salvar un tercio de la antigua fábrica, si no hubieran tirado todo. Pero es cierto que cuando pasamos ahora por ahí y vemos esos edificios totalmente sobredimensionados que han construido y las naves al lado abandonadas… Eso te cae como una losa», lamenta.
Otra victoria que recuerda Belén Boloqui ha sido la catalogación y declaración como monumento de interés local del interior del antiguo Seminario de Huesca, «que el PSOE se quería cargar», recuerda esta historiadora del arte. Aquí la voz cantante, reconoce la presidenta de Apudepa, la ha llevado la plataforma oscense en defensa de este edificio. «Los responsables locales no tenían otra que proceder a su catalogación siendo que el comlejo incluye una iglesia románica. Cuando las cosas acaban así pues es una satisfacción, pero la realidad es que aunque no se vaya a tirar el edificio llevamos desde el año 2000 asistiendo a su degradación porque no se interviene en su conservación», añade.
Cuando Apudepa se fundó unas 160 personas alistaron para formar parte de este ejército en defensa del patrimonio. Hoy son unos 150, lo que consideran un logro. Lo que no creían hace 30 años es que se iban a tener que dedicar a intentar frenar «las barbaridades» que se han hecho o se han pretendido hacer. » Desgraciadamente, hemos tenido que defender edificios que están ya catalogados como Bienes de Interés Cultural. Creíamos que no íbamos a tener que perder tiempo en eso, sino en detalles más pequeños, edificios más desconocidos, arquitectura popular… Pero no a defender que no se añadiera una planta a la estación de Canfranc. Hemos gastado muchas energías en esos grandes temas y claro, si te dedicas a eso no te puedes dedicar a otras cosas», explica.
En su discurso, Boloqui no puede dejar de ser pesimista sobre el presente. Estamos en un momento «delicado», dice. «Esto no funciona y en el corto plazo no vemos posibilidad de cambio, lo que no deja de ser frustrante. Tenemos la legislación a favor, las comisiones de patrimonio están ahí, pero aun así pasa lo que pasa. Da corage pero no hay remedio. El cambio llegará de la sociedad, no de la política. Los políticos están empoderados y están ejerciendo como les viene en gana», añade.
Lo positivo, reconoce, es que la sociedad hoy es más crítica con estas actuaciones que acaban con el patrimonio de todos. Y no solo con los monumentos, el patrimonio, advierte Boloqui, va mucho más allá de los grandes edificios. «Se ha visto con el caso de la oficina de Correos de Anselmo Clavé, en Zaragoza. La gente ha reaccionado y muchos especialistas han querido pronunciarse. Eso es bueno. Pero sigue habiendo mucha gente que piensan que esto no va con ellos. Que les da igual y eso es un error porque la cultura y el patrimonio tienen que ver con esa sociedad del estar bien, que no del bienestar, como defendía Emilio Gastón», responde Boloqui.
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Sobre el debate de lo que se tiene que conservar y lo que no, la presidenta de Apudepa explica que el consenso de las instituciones e institutos de investigación se encamina hacia el mantenimiento de todo aquello que resulte ser un testimonio vivo de una manera de vivir concreta. No la calidad arquitectónica, no la antigüedad ni tampoco la estética, como mucha gente pretende. La existencia de una construcción o una tradición es motivo ya para su preservación porque explica las formas y modos de nuestros antepasados.