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El expolio de las inmatriculaciones de la Iglesia

El libro El expolio de las inmatriculaciones de la Iglesia no es un mero ejercicio de arqueología jurídica; es un manifiesto necesario que denuncia la mayor operación de apropiación de bienes públicos en la historia de la democracia española. Estamos ante una investigación que levanta el velo sobre la opacidad registral para exponer un proceso de descapitalización sin precedentes. En un Estado que se presume aconfesional y democrático, la existencia de un «coto privado» eclesiástico sobre el patrimonio común no es solo una anomalía, es un asalto a la soberanía ciudadana.

Pablo P. Ganfornina, VientoSur | 12 junio 2026

Para desgranar este entramado entrevistamos a los autores: Antonio Manuel Rodríguez, jurista, profesor de Derecho y escritor; y Aristóteles Moreno, periodista de investigación con tres décadas de trayectoria y experto en cultura andalusí. Ambos son voces de referencia en la Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba, habiendo liderado una batalla que trasciende lo local para convertirse en una cuestión de Estado.

Como introducción a la cuestión, os recomendamos este artículo publicado en Viento Sur Las inmatriculaciones: un expolio monumental de Andrés Valentín, miembro de la Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro y de la Ejecutiva de RECUPERANDO.

Pablo P. Ganfornina: El término «inmatriculación» es el acto jurídico mediante el cual se inscribe un bien inmueble (como una finca o terreno) por primera vez en el Registro de la Propiedad, abriendo así su historial registral. Es un concepto que suena técnico, casi aséptico, pero es el epicentro de un fenómeno que hablando de las inmatriculaciones de la Iglesia ha afectado, según vuestra investigación, a 100.000 bienes y al 80% del patrimonio histórico del país. Podemos decir que se trata de un acto que la Iglesia ha realizado bajo un privilegio medieval: el obispo actuando como su propio notario. Para entender la arquitectura del expolio, distinguís varios hitos clave: el franquismo, la constitución de 1978, la reforma de Aznar de 1998 y estos últimos 20 años desde que se empiezan a conocer más los primeros casos. Vayamos por partes, ¿Por qué un libro sobre las inmatriculaciones de la iglesia?

Aristóteles Moreno: Bueno, pues porque este es el final de un largo camino comunitario, colectivo, formado por mucha gente, aunque nosotros lo hayamos firmado. Un camino que llevamos recorriendo hace casi 15 años, en el que descubrimos dos cosas que nos preocuparon mucho.

Una era que a la Mezquita de Córdoba le habían quitado el nombre y que estaba sometida a un plan de falsificación de la historia verdaderamente absurdo y cutre. Y la segunda razón era porque descubrimos que había sido privatizada, gracias a Antonio Manuel, que publicó un artículo en la prensa local tras conseguir la nota simple de la inscripción.

Claro, al principio la mayor parte de nosotros desconocíamos muchas cosas de la Mezquita, sobre todo de su régimen jurídico, e iniciamos un camino de conocimiento. Y de conocimiento colectivo y de inteligencia comunitaria que nos ha permitido crecer muchísimo, aprender mucho del edificio, y eso lo hemos combinado con una relación con otras asociaciones de España que habían pasado por el mismo problema, que en sus comunidades tenían también edificios emblemáticos e inmatriculados por la Iglesia. Y ahí, creamos una amplia red en la que compartimos mucha información y llegamos a la conclusión de que todo este conocimiento no se podía quedar en el cajón ni en el cubo de la basura. Había que compartirlo con la gente que quisiera aprender ahora y en el futuro. Es un libro que siembra para que algún día alguien con responsabilidad pública pueda utilizar toda la información y la argumentación jurídica, histórica y patrimonial que nosotros vertemos aquí y pueda desanudar este enorme y lamentable nudo de las inmatriculaciones.

Pablo P. Ganfornina: Desde luego el argumento de que «la propiedad del Estado ataca la libertad religiosa» es una falacia que el propio Vaticano ha desmontado en otros países. Sin ir más lejos, tenemos la paradoja portuguesa, donde el Vaticano aceptó mediante concordato en los años 40 que los templos son propiedad del Estado. ¿Por qué lo que es válido en Portugal es calificado de «persecución» en España? También podríamos hablar de Francia y México, donde las catedrales son públicas y el culto sigue intacto. ¿Se ha fomentado en España cierto «catetismo» de creer que para que haya rezos debe haber propiedad privada de la jerarquía? ¿Cómo se vive esa excepcionalidad española?

Antonio Manuel Rodríguez: Desde la ignorancia y desde la sumisión. Es decir, es como una mezcla de ignorancia consentida e impuesta. Porque en efecto el caso español es una excepción a nivel mundial. A nadie se le pasa por la cabeza poder privatizar el Taj Mahal, el Machu Picchu, las pirámides del Cairo.

Y sin embargo, en España la Catedral de Burgos, la Catedral de Mallorca, la Catedral de Santiago o la Mezquita de Córdoba están inscritas en el registro de la propiedad a nombre de obispos y de diócesis o de cabildos. Todo eso se ha debido francamente a un escándalo jurídico, económico, social y en mi juicio ciudadano. Porque piensa que España ha sufrido el mayor desmantelamiento histórico de su patrimonio.

Esto es un hecho que ha acaecido delante de nuestras narices. Esto no ocurrió hace un siglo y medio ni hace tres. Esto pasó antes de ayer y de hecho todavía sigue pasando aunque por otra vía. Que este pueblo en general mire para otro lado cuando ha perdido lo común, cuando ha perdido lo que era suyo. Ya digo, no solamente edificios emblemáticos que forman parte de nuestra tradición histórica y cultural. Es que nos han robado plazas, calles, probablemente la misma plaza donde jugaron de niños o donde se enamoraron.

Entonces, a mí me duele especialmente un caso tan excepcional como el de España que no pasa en ningún otro lugar. Yo suelo repetir muchas veces que la Catedral de Lisboa pertenece al Estado de Portugal. Que la Catedral de Notre Dame pertenece al Estado francés. Que la Catedral de Colonia pertenece al Estado alemán. Que la Avenida de Westminster pertenece al Estado británico. Y la Mezquita de Córdoba pertenece a un obispo. Y que eso se normalice tiene que ver mucho con que nos han privado algo tan grande, tan grande, tan grande que no nos duele.

Pablo P. Ganfornina: En este sentido, la Iglesia siempre ha construido un relato de victimismo histórico en torno a las desamortizaciones liberales del siglo XIX. Es más, tras las desamortizaciones, el Concordato de 1851 estipuló que el Estado mantendría a la Iglesia a cambio de aceptar las ventas ya realizadas, pero muchos bienes se quedaron en un limbo de ‘uso común’. Al ver que mediante las inmatriculaciones se han apropiado de unos 100.000 bienes, según vuestra investigación, ¿podríamos interpretar este fenómeno como una ‘contradesamortización’ silenciosa impulsada por la jerarquía en el siglo XX y XXI para cobrarse aquella deuda histórica? ¿Se aprovechó la Iglesia de la ambigüedad de los acuerdos del siglo XIX para registrar un siglo después templos y terrenos que el propio Estado decimonónico ya sostenía con fondos públicos? Porque una de las cosas que me ha llamado la atención también en vuestra investigación es que atendiendo a los números, el proceso de inmatriculaciones se acelera en momentos muy concretos de la historia. ¿Qué pensáis?

Aristóteles Moreno: Precisamente contradesamortización es la palabra que utiliza Antonio Manuel cuando se refiere a este fenómeno. Y él es profesor de Derecho y posiblemente uno de los mayores expertos en la perspectiva jurídica. Claro, es que la Iglesia Católica, y yo creo que este es el elemento central para entender un poco todo esto, históricamente ha sido un brazo administrativo incrustado en el Estado desde la Edad Media.

Claro, cuando en el siglo XIX los gobiernos liberales desamortizan a la Iglesia, es que la Iglesia y gran parte de la aristocracia se habían quedado con el país entero. Se habían repartido el país. Y en una concepción de un Estado moderno, lógicamente, lo que posteriormente fue una empresa privada, como era la Iglesia Católica, no podía ser dueña de tanto.

Sobre todo dueña de tanto, en gran medida, a que se había apropiado de esos bienes por un privilegio que tenía sentido al ser una parte de la administración. Gran parte de esos bienes, o muchos de ellos, obedecían a una función común, pública, comunitaria, que había incorporado, y que era en gran medida su custodia, porque gran parte de esos bienes eran bienes de carácter religioso, en un país donde el catolicismo era culto oficial del Estado. Esto la Revolución Francesa y Francia lo entendió muy bien cuando en 1905 separan a la Iglesia del Estado, porque estaban juntas. Allí se entendió muy bien que todos esos bienes se habían incorporado gracias a la posición de la Iglesia y sobre todo porque tenían un cometido público y común. Y entonces, una vez que se separan, lógicamente, se desafectan y no quedan bajo la propiedad de lo que a partir de entonces fue una empresa privada, sino bajo el amparo del Estado, aunque muchos de ellos siguieran teniendo una función de culto católico. Y yo creo que esa fue una solución muy inteligente y muy racional.

La Catedral de Notre Dame es del Estado, pero sigue sirviendo a los fieles católicos con total normalidad. Y son los sacerdotes o los curas los que dan misa allí, pero realmente la propiedad no es suya. Yo creo que este es un poco el elemento central que debe prevalecer a la hora de entender y explicar todo este fenómeno que hoy en día es muy difícil de entender porque la Iglesia no juega el mismo papel. Porque ya tenemos claro que la Iglesia es una empresa privada, aunque muchas veces invada y con mucha frecuencia funciones que no le corresponden dentro de la Administración del Estado. Todo esto demuestra que es muy difícil en un país como España, donde el catolicismo ha tenido una penetración en la Administración pública tan poderosa y tan duradera en el tiempo, es muy difícil realmente devolverla al sitio donde debe estar, que es la esfera privada.

Pablo P. Ganfornina: Siguiendo en esta línea, nos gustaría reflexionar con vosotros sobre el papel de la Iglesia como institución clave para entender la oposición a la II República española, el golpe de estado de 1936 y la dictadura posterior, en definitiva, para entender la historia de España. La Constitución republicana de 1931 y la Ley de Patrimonio de 1933 declararon que el tesoro artístico e histórico del país estaba bajo la salvaguarda del Estado y pertenecía a la nación, independientemente de quién lo gestionara. ¿Fue la posterior Ley Hipotecaria franquista de 1946 una estrategia deliberada para demoler el armazón jurídico republicano y devolverle a la Iglesia el control absoluto?

Antonio Manuel Rodríguez: La Iglesia y el Estado, desde el antiguo régimen, son como hermanas siamesas cosidas por el corazón y por el bolsillo. Son exactamente la misma cosa. Mi compañero Aristóteles lo ha explicado con muchísima claridad. Era un brazo administrativo más del Estado. Pero es que yo digo todavía más. Es que es el Estado mismo. Se siente el Estado.

El escudo de España sigue siendo una cruz, una corona y la división territorial que surgió después de la conquista de Granada. Es decir, el escudo de España sigue siendo la radiografía del antiguo régimen. Y la Iglesia responde con un espasmo muy cruel siempre que ese poder es tocado. En realidad, las cuestiones morales, las cuestiones más simbólicas no le preocupan tanto. En realidad lo que le preocupa es cuando le tocas el dinero. La Iglesia, como dice Juan José Tamayo, cambió el becerro del oro por el oro del becerro. Y cuando le tocas el oro es cuando realmente reacciona.

Reaccionó cuando José Bonaparte declaró la nacionalización de los bienes de la Iglesia. Y se alió con el constitucionalismo de 1812 que proclama a España como un Estado católico, apostólico y romano. Para después desafectarse y volver al antiguo régimen. Reaccionó con las desamortizaciones. No porque perdiera lo que era suyo porque no era suyo. En las desamortizaciones no se le está quitando nada a la Iglesia porque no les pertenecía. Por eso no percibían indemnización a cambio. Pero con los gobiernos conservadores tuvieron que pactar el concordato de 1851 para poder permitirle que tuvieran propiedades privadas. Y aún así solo inscribían la posesión de los templos de culto y de la mayoría de los bienes porque no les pertenecían. Y volvieron a reaccionar. Volvieron a reaccionar con la Segunda República. Pero por la Ley de Congregaciones Religiosas es muy probable que si no hubieran sido nacionalizados los bienes, la reacción de la Iglesia no hubiera sido tan desmesurada. Hasta el punto de poder plantearnos con seriedad si fue un golpe militar con el apoyo de la Iglesia o un golpe de la Iglesia con el apoyo de los militares.

¿Y qué ocurrió en la Constitución del 78? Que prefirió no tocarse ante ese pavor. Nadie quiso abrir la caja de Pandora. Se estaba separando la Iglesia del Estado. Es decir, las hermanas siamesas estaban siendo operadas y sin embargo se les dejó que siguieran compartiendo el corazón y el bolsillo. Ese es el problema. El limbo jurídico que surge después del 78 fue el que no supo responder en su momento durante la transición y la post transición de la que nos olvidamos permanentemente.

Siempre se culpa a la transición de los grandes males que está padeciendo la democracia contemporánea. Pero eso es un error. La democracia fue un comienzo que marca una época que de repente es cortada, un hachazo descomunal en 1982. ¿Por qué no se siguió? ¿Por qué no se siguió cuando verdaderamente se había alcanzado el poder y donde las reformas hubieran sido más favorables? Se hizo justamente lo contrario.

En realidad ahora devolver una situación que se ha tolerado durante tantos años es muy complicado a pesar que jurídicamente sea fácil. Pero claro, volver atrás lo que no se hizo durante miles de años es clar, lo que ha cambiado respecto de la Iglesia Católica en España ha sido una cuestión de hace medio siglo. Durante miles de años los bienes de la Iglesia eran bienes públicos. Eso lo cambió Franco primero y Aznar después, y nadie lo cambió con la Constitución Española. De forma que mientras eso no ocurra, la Iglesia ahora separada del Estado sabe que la única forma de mantener su posición privilegiada es acaparando poder y la apropiación de 100.000 bienes, de los cuales la inmensa mayoría forman parte de nuestro patrimonio histórico y cultural, es la mejor forma de perpetuarse.

Pablo P. Ganfornina: Por el momento en el que nos encontramos, en el que parece que volvemos a tener la necesidad de hacer pedagogía con lo que fue el régimen de Franco, me gustaría profundizar en la pregunta anterior. En el libro “Ni Una, Ni Grande, Ni Libre”, Nicolás Sesma nos habla sobre la complicidad social como estrategia política del Franquismo. Él enfatiza en el papel de la Ley de Responsabilidades Políticas 1939, con la cual señala la expropiación de bienes a los vencidos para venderlos. Leyendo vuestro libro me preguntaba ¿podemos pensar que la Ley Hipotecaria de 1946 sería otra cara de la misma moneda que pagaba a buen precio la complicidad social de la que nos habla Nicolás Sesma en la España de posguerra? ¿Acaso no facilitó esa sociología del franquismo que los obispos inmatricularan fincas, plazas y cementerios en los pueblos sin que ningún vecino o ayuntamiento se atreviera a toserles o a exigir escrituras? ¿Acaso no podemos considerar este inmenso privilegio registral el ‘pago en especie’ que la dictadura otorgó a la Iglesia por haber bautizado la Guerra Civil como una ‘Santa Cruzada’?

Aristóteles Moreno: Fíjate que yo pienso, y Antonio Manuel tiene mucho más conocimiento que yo en términos jurídicos, que la Ley Hipotecaria de 1946 lo que hace es devolver a la Iglesia el sitio que históricamente tuvo porque a mí me parece que esa idea es una idea clave. De hecho, en el reglamento, la Iglesia lo que hace es compararse con los otros funcionarios del Estado porque realmente la Iglesia siempre había tenido en la conciencia administrativa, social, del poder en España una posición dominante de autoridad pública. Es que la Iglesia cuando en 1236 Fernando III entra aquí lo hace acompañado del Obispo Juan de Osma y realmente el Obispo forma parte de su corte. Es un funcionario más porque el catolicismo es un elemento central ideológico de esa concepción del nuevo orden como antes lo había sido con el Islam. Yo creo que realmente las religiones entonces jugaban ese papel medular de la concepción del mundo y el poder político no era ajeno a ello ni antes de 1236 ni después. De hecho la Iglesia Católica ha ordenado nuestra vida política, social, económica, moral, ética de los ciudadanos durante siglos.

¿Y qué hace la República? Romper eso. Porque la República realmente española copia una idea que viene de Francia. Manuel Azaña era un afrancesado y un hombre que admiraba la revolución francesa y admiraba el marco político y social que estaba desarrollando. Y si tú te vas a la Ley de Congregaciones Religiosas y te vas a los debates parlamentarios, que yo he leído, ellos hacen referencia continuamente a la solución francesa y a la comprensión francesa. Oiga, en un Estado moderno la Iglesia Católica ya no decide, ya no forma parte del corazón del Estado. Nosotros vamos a construir un orden político ajeno al catolicismo.

Pero lo que pasa es que en España el tradicionalismo, el antiguo régimen estaba pegado a todos los poderes. Y eso fue un proceso muy difícil de hacer tanto que la República fue destruida a bombazos. Y yo creo que el elemento religioso fue fundamental. Más que cualquier otro. Más que el miedo a la revolución soviética. Más que el miedo a todas las ideas que llegaban de Rusia. Porque Franco era un beato y era un hombre muy tradicionalista. Y entendía que lo que estaba haciendo la República era romper la idea de España. Que para el pensamiento tradicionalista era nuclear.

El gran debate del siglo XIX era justamente ese. De hecho, en la Constitución de 1812, la liberal, se hace en nombre de la única religión verdadera. Y todas las constituciones, las cinco constituciones del XIX no ponen en duda en absoluto esa idea. Y quien lo hace son los republicanos. Porque los republicanos realmente son los que albergan el espíritu liberal. La Segunda República y Azaña era un liberal auténtico. Un liberal moderno, un hombre moderno. Y yo creo que eso es lo que el tradicionalismo, por supuesto la Iglesia católica, el ejército y gran parte de la sociedad no comprendían, no aceptaban.

Hoy se ve desde otra óptica porque España se ha secularizado. Pero en el siglo XIX y XX el catolicismo era medular de este país. Y yo creo que la ley hipotecaria lo que hace Franco es trasladar en términos jurídicos lo que él pensaba que debía ser. Y es que la iglesia era una autoridad pública. Y por eso le dio esa prerrogativa.

Pablo P. Ganfornina: Aterrizando el tema. Se que para vosotros la Mezquita de Córdoba no es solo un monumento; en este caso, lo consideráis el mejor ejemplo y casi podríamos decir que es la prueba del delito. Con más de 175 páginas dedicadas a este caso, vuestra investigación demuestra que estamos ante un bien de dominio público cuya naturaleza ha sido secuestrada por la jerarquía católica. Sin embargo, la Iglesia insiste en el mito de la basílica visigoda bajo el suelo para justificar una «continuidad» de propiedad. Si los arqueólogos ya han desmentido este bulo, ¿por qué el Cabildo persiste en la mentira?

Aristóteles Moreno: Bueno, esto de la basílica es uno de los argumentos que ha utilizado la Iglesia Católica para reivindicar el solar. Digamos que es un truco histórico que le ha permitido a la Administración Pública, porque yo creo que ese argumento, esta falta de prueba, todo lo contrario, incluso sus propios arqueólogos, contratados por el propio Cabildo, no hace muchos años, afirmaron taxativamente que ellos, después de un largo estudio con medios muy avanzados, tecnológicos, de georradar y de muchas otras herramientas, habían llegado a la conclusión que lo que ellos llevaban exhibiendo como basílica de San Vicente, debajo de la mezquita primitiva de Abderraman I, no era una iglesia. Claro, la pregunta es cómo se le permite a la Iglesia Católica falsear la historia de esa manera por parte de la Administración Pública.

Oiga usted, en un bien de esta naturaleza no podemos permitir que se utilice de una manera tendenciosa el conocimiento. Entonces, bueno, ahora estamos en un nuevo proceso. Esos arqueólogos le han dado otro salvoconducto a la iglesia católica que se llama complejo episcopal. Según este nuevo concepto, debajo de la Mezquita había una serie de edificios que pertenecían al obispo, de los cuales tampoco tenemos prueba determinante, pero ahí diluimos, ya no tenemos que probar que hay alguna iglesia en algún sitio. Ahora decimos que todo eso pertenecía al obispo en un momento en que el obispo era un poder importante y todo eso son hipótesis, lógicamente no están demostradas.

A mí me parece que nosotros no debemos distraernos con esas cosas, que realmente eso sobre el debate de fondo no añade ni quita nada. Es absolutamente indiferente lo que haya. De hecho, en la iglesia fernandina la mayor parte de ellas fueron construidas sobre mezquitas. Eso es una realidad arqueológica. ¿Eso cambia en algo la propiedad o la soberanía? En nada. Más bien añade a la historia y a la comprensión sobre lo que ha sido nuestro territorio de acumulación y sucesión de culturas. Así que yo creo que ahí, más allá de contemplar estas maniobras efectistas que la iglesia ha puesto en marcha, a mí lo único que me molesta de todo es la absoluta libertad que tienen en la divulgación sobre el patrimonio. Eso es un derecho de los ciudadanos, y que sea maltratada de esa forma y con una impunidad dentro de la administración. Es que para eso tenemos la Consejería de Cultura, para precisamente evitar que se divulguen bulos de esa trascendencia.

Antonio Manuel Rodríguez: Y que se siguen manteniendo, porque si se visita la Mezquita hoy mismo te enseñan que hay un agujero en la mezquita primitiva y siguen diciendo que es la antigua Basílica de San Vicente.

Pero ese trampantojo tiene un hilo conductor mucho más perverso y es hacernos creer que el uso determina el dominio o determina la naturaleza del bien. Es decir, el que eso fuese en otro tiempo de uso cristiano no significa que pertenezca a la iglesia católica. Y de hecho, fíjate si es un trampantojo que todos los yacimientos arqueológicos pertenecen al Estado. Así que da igual lo que haya debajo, pero si fuese un complejo episcopal, pertenecería al Estado. No tiene ningún sentido que el complejo episcopal del subsuelo pertenezca al Estado, es decir, sea dominio público, y lo que esté encima sea dominio privado. No tiene ningún sentido.

Pablo P. Ganfornina: el caso es que no es la única fake news, también tenemos el bulo de la donación real de Fernando III en 1236 ¿no? La cuestión es que si esto fue así, ¿por qué la Iglesia nunca ha presentado ese título y tuvo que recurrir a la autocertificación opaca en 2006?

Antonio Manuel Rodríguez: En cuanto a la donación, es consecuencia de lo que hemos hecho con la Plataforma. O sea, nuestros argumentos son los que forzaron el bulo de la donación. Porque cuando la jerarquía católica va a inmatricular el bien, se siente tan segura de que eso le pertenece, que establece como criterio para apropiárselo la consagración. Es decir, de nuevo, el que fue consagrado como catedral. El uso condiciona el dominio. Claro, cuando nosotros nos enteramos, lo primero que hacemos es desmontarlo. O sea, perdona, la consagración no es una forma de adquirir el dominio. Entonces, recuerdo que los primeros años saltan de una forma bastante despectiva, incluso petulante, como mirándote por encima del hombro, diciendo, pero bueno, ¿qué me estás contando? Si no fuese una consagración, sería por usucapión. ¿Qué más da? Llevamos muchísimo tiempo poseyéndola.

Claro, vuelven a equivocarse. Si dices que la has adquirido por la posesión en el tiempo, estás reconociendo que no es tuya. Y claro, si no es tuya, ¿de quién era? Y tienes que tener mucho cuidado de decir que era de la corona, porque entonces tampoco podrías usucapirla, porque los bienes públicos no se pueden adquirir por la posesión en el tiempo. Entonces, cuando vuelven a equivocarse ya por segunda vez, es cuando sacan el tema de la donación. Y lo hacen con toda la intención. Le da igual que sea verdad o mentira.

Es que le da lo mismo. La cuestión es que cuando ya hay una donación, aunque sea falsa, yo sé que esto va a sorprender, ¿no? Aunque sea falsa, lo que está es determinando que el bien es privado. Esto es un tema muy complejo desde un punto de vista jurídico, pero viene a ser como, aunque no tengo título, esto me obliga a usucapir por la vía extraordinaria que son 30 años. Da igual, una tontería. Pero lo hacen porque confirma la privatización del bien. Es decir, un bulo confirma la privatización del bien, pero también reafirma el que han mentido hasta tres veces, el que se han equivocado hasta tres veces, que han tenido que autocorregirse tres veces. Si, en efecto, hubiese sido suya, ¿por qué no la registraron en el siglo XIX? Porque no podían. ¿Y por qué no podían? Porque los templos de culto no se podían inmatricular porque eran bienes de dominio público. Es decir, solo pudieron hacerlo después de una reforma de Aznar en 1998.

Y cuando lo hacen, si de verdad les pertenece, ¿por qué no lo acreditan? Porque tampoco tenían forma de acreditarlo. Yo suelo decir muchas veces, y espero que quede claro, que la pregunta de quién es la mezquita es capciosa. La pregunta pertinente es ¿qué es la mezquita? Y yo creo que hay una convención unánime en que la mezquita ni se puede vender, ni se puede hipotecar, ni se puede embargar. En consecuencia, es bien de dominio público y entonces jamás tenía que haber sido inscrita en el registro de la propiedad.

Pablo P. Ganfornina: Y la Mezquita no está sola. Porque este no es un problema solo de templos, sino de apropiación de plazas, montes, cementerios y ermitas rurales. La movilización municipalista en Navarra reveló una realidad que la Iglesia pretendía mantener oculta. Tenemos el Caso de Ucieza (Palencia), donde un ciudadano con títulos de propiedad vio cómo el obispo le arrebataba sus bienes y como Estrasburgo condenó a España con 600.000 euros que pagó el Estado con dinero público en lugar de exigir que la Iglesia devolviera el bien. También podríamos hablar del arte prerrománico asturiano, que es un arte fantástico que fue construido como un programa arquitectónico de representación del poder de los monarcas astures y que también ha sido inmatriculado, o la arquitectura mudéjar aragonesa. Pero después hay una serie de bienes pequeñitos, insignificantes, que yo creo que ahí se ve incluso con más claridad la arbitrariedad del mecanismo de la inmatriculación. A mi en particular, me llamó mucho la atención el caso de la Ermita de los Verdiales en Málaga.

Aristóteles Moreno: Yo no lo conocía, lo pudimos conocer gracias a que hablamos con el propietario. Y claro, cuando conoces ese tipo de casos, te quedas alucinado. El caso de los Verdiales es un caso muy interesante. Se produce en los montes de Málaga y es un caso de religiosidad popular que seguramente se reproduce en miles de casos en toda España.

¿En qué consiste? En el siglo XVIII, esa zona, los montes de Málaga, solo 10 kilómetros de la capital, empieza a colonizarse de ganaderos y agricultores. Y pronto se dan cuenta de que necesitan un templo para rezar. El catolicismo, volvemos otra vez a la idea original, era una ideología o una religión absolutamente penetrada en la vida social de todo el mundo. ¿Qué es lo que ocurrió? Uno de los vecinos cedió un cobertizo de aperos de labranza.

Y ahí empezaron a remodelarlo de tal forma que, por ejemplo, el altar provenía del mármol de una pescadería. Y ese edificio, que era un edificio típico de la arquitectura andaluza, tenía dos alojamientos de sus extremos donde vivían ganaderos. Con el paso del tiempo se convirtió en la Ermita de los Verdiales, que es una de las expresiones de religiosidad popular más importantes de la provincia de Málaga, y llegó a manos de un propietario después de muchas transmisiones, que se llamaba Andres Jesús Palomo, taxista y albañil. Y este señor invirtió ahí, reformó todo, reabrió la Ermita, porque la Ermita durante mucho tiempo estaba en ruinas y se utilizaba como corral de gallinas.

En el año 2003 se presenta el registro de la propiedad y aporta 11 documentos mercantiles, que nosotros los tenemos en nuestro poder porque él nos lo dio. Todo normal hasta que en diciembre de 2012, el obispo de Málaga se presenta ante el registro de la propiedad y sin un solo papel, con una mera auto-certificación, gracias a la Ley Hipotecaria, se queda con la ermita. El señor propietario no se entera y el registrador de la propiedad se lo permite. Esto es una anomalía, porque tenía doble inmatriculación. Debería por lo menos haber comunicado al primer propietario y no lo hace siquiera. Entonces, este señor se entera de que el obispo le ha quitado la ermita. El obispo de Málaga tenía un papel, que crea ex profeso, crea una parcela que no existía para quedarse solamente con ese trocito. O sea, que él transforma la realidad del territorio y de la propiedad.

Esa ermita sigue estando en manos del obispo. Y ahí es que a mí me llama mucho la atención. Él propietario habló lógicamente con el obispo, que seguramente él no se prestaría a eso, pero hablaría con el vicario y le respondieron que como está consagrada era suya. Pero hace muy poquito, nos hemos enterado que en un pueblo de Málaga, en Nerja, el obispo le ha devuelto la ermita al ayuntamiento de Nerja. Claro, ¿esto qué nos dice? ¿Qué arbitrariedad no? O sea, que usted devuelve o se apropia de lo que quiere, teniendo los mismos papeles en un caso y en otro, siendo igual de propietario uno que otro, porque el Ayuntamiento de Nerja demostró, parece ser, fehacientemente, con documentos, que la ermita era municipal.

En ese caso, ¿por qué lo devuelve? Y en el otro caso, ¿por qué lo niega? Está claro que aquí hay una arbitrariedad que no se sostiene de ninguna forma, sin ningún criterio y que la justicia permanece al margen de algo realmente que tiene poca explicación.

Pablo P. Ganfornina: Para ir cerrando la entrevista. Después de hablar sobre esta relación entre Iglesia y Estado en España, ¿cómo valoráis la visita del Papa, incluyendo su presencia en el Congreso? ¿Qué valoración podemos hacer un poco de esta visita, teniendo además una autoridad de la iglesia católica en nuestro país, estos días que podemos esperar del nuevo papá?

Antonio Manuel Rodríguez: Bueno, a mí ese tema me queda grande, lo digo de antemano. A ver, lo que hemos planteado nosotros en este libro no es una cuestión anticlerical. Y yo creo que eso es importante colocarlo desde el principio. Este libro apela a la defensa de la constitucionalidad y a la defensa de nuestro patrimonio público. Defender la laicidad de un estado es como defender un mar en calma donde todos los barcos puedan navegar. Los barcos de los creyentes y los de los no creyentes. Creo que somos conscientes de que en este mar hay un barco que es un transatlántico, que es la Iglesia católica. Y que la iglesia católica, como enorme empresa, necesita de recursos. Y más que adorar a Dios, necesita adorar al dinero que lo mantenga. Y ese debate no ha salido en la presencia del Papa.

El Papa, dentro de ese humanismo cristiano, que echo tanto en falta en las derechas, que yo descubrí, por ejemplo, en personas como Manuel Clavero o en la democracia cristiana de la década de los 60 o de los 70, y que también tiene su otra cara en el cristianismo de izquierda, tan clave en la consecución, por ejemplo, de nuestra democracia o en la consecución de la transición autonómica andaluza. En esta causa hay apoyos directos de redes cristianas populares, de comunidades cristianas. Entonces, yo creo que el Papa, en ese lenguaje de humanismo cristiano, a mí me parece que está bien que diga eso. Pero yo no voy a entrar en las normas de su club. O sea, el catolicismo es un club privado que ha decidido que lo eligen hombres, solo para hombres. Por ejemplo, en este tema, normalmente nunca se habla de la cuestión de género y no estaría mal recordar que esas cosas no pasan.

Pero yo, desde fuera, no lo voy a cuestionar. Yo creo que, como Estado laico, se tiene que respetar. Lo que no tiene sentido es que un Estado laico haya promovido y tolerado ilegalidades en masa, inconstitucionalidades en masa, para que la jerarquía católica, hoy, sea el mayor propietario del Estado. Ese tema no se ha nombrado en ningún momento. Se ha hablado de que sí está en contra del aborto, de la eutanasia. Se ha hablado de todos los mensajes positivos en relación al respeto al diferente y al migrante. Pero nadie ha hablado de la cuestión realmente medular. Y es que la Conferencia Epicopal Española no deja de ser Iglesia Sociedad Anónima. Y que, para mantenerse, para mantener esa enorme estructura, necesita un inmensísimo poder. Y que el mayor aliado para mantenerlo ha sido el Estado. Y, probablemente, su mayor aliado han sido los gobiernos de izquierda. Es decir, ha tenido más apoyo del gobierno de izquierda por ese temor ancestral a la reacción. Y eso está como en el ADN de nuestro Estado. Y por eso, cada vez que ha habido un intento de secularización, las reacciones son tan bestias, son tan bruscas, son tan desproporcionadas, que la clase política tiene vértigo, tiene miedo. Y eso es lo que echamos en falta.

Al principio, cuando vino el Papa, creo recordar por terminar, que fue Felix Bolaños que dijo «Es una alegría que venga el Papa porque hemos cerrado acuerdos en temas como la educación concertada». Y habló de las inmatriculaciones. Parece ser que han acordado algo sobre las inmatriculaciones, pero no lo sabemos. Entonces, bueno, eso también forma parte del ADN de la Iglesia, que es trabajar en las catacumbas y que todas las cuestiones sean del mismo color de la sotana que visten.

Aristóteles Moreno: Muy brevemente. Yo quiero recordar que esta legislatura empezó sacando al crucifijo del Consejo de Ministros y va a terminar metiendo al Papa en el Congreso de los Diputados. Yo creo que eso es muy significativo. Creo que en ese aspecto, y coincido con Antonio Manuel, este Gobierno arrancó con un impulso, con una idea de profundizar en el proyecto laicista o en el laicismo de Estado, ha terminado asustado y un poco reculando. En lo que hemos visto estos días, y este despliegue, es evidente que no es propio de un país aconfesional. La movilización de las estructuras políticas, de la televisión pública… y como la llegada de un líder religioso, de una comunidad legítima, ha invadido muchos terrenos.

Pero paradójicamente, ¿cómo estará el mundo que hoy en día el Papa anterior y este se han convertido en aliados de pensamiento progresista? Y eso lo que dice es cómo hay muchos poderes muy retrógrados que están amenazando muchas cosas y que, aunque sea de forma provisional, temporal, estratégica, parezca que el Papa es un aliado del pensamiento progresista.

Pablo P. Ganfornina: ¿Cómo está el mundo y cómo está la izquierda?

Aristóteles Moreno: Bueno, la izquierda lo que pasa es que yo creo que está en una situación muy débil y se agarra a los pocos cabos que tiene. Pero bueno, todo es provisional, todo es volátil, no sabemos qué puede pasar en los próximos meses o años.


Pablo P. Ganfornina es Profesor de Secundaria en Geografía e Historia y militante de Anticapitalistas

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Publicado en España