El Parlamento, reverenciando a una figura que rechaza abiertamente leyes democráticas consolidadas en el propio Parlamento, como las del matrimonio igualitario, la eutanasia o el aborto.

Juan Antonio Aguilera Mochón, NuevaTribuna | 3 junio de 2026
El próximo 8 de junio, las Cortes Generales vivirán una jornada inédita e histórica: la intervención del papa León XIV ante la sede de la soberanía popular y altas autoridades del Estado.
Es Caperucita rindiendo honores al lobo. El Parlamento, reverenciando a una figura que rechaza abiertamente leyes democráticas consolidadas en el propio Parlamento, como las del matrimonio igualitario, la eutanasia o el aborto, a las que califica como “pecados”, “aberraciones” o “crímenes abominables”.
Es el mundo al revés. El autócrata jefe de un Estado teocrático que no respeta derechos humanos, incluidos los de naturaleza política (y muy especialmente los de las mujeres, que son excluidas), da un repaso moral a los representantes de un Estado de derecho cuyos principales déficits democráticos se deben, precisamente, a la subordinación de parte de su soberanía a los intereses del Vaticano.
El viaje papal supondrá para el erario un coste estimado en unos 10 millones de euros (5 de gastos directos y 5 de detrimento de ingresos por la declaración de Excepcional Interés Público)
Resulta una paradoja sombría. Un hombre que basa su poder en creencias irracionales y anticientíficas, y que lidera una de las organizaciones con una historia criminal más tenebrosa, responsable o encubridora de tantos abusos mentales y físicos sobre la infancia, nos imparte lecciones sobre ética científica, paz y bondad.
Estamos ante una Desmemoria Histórica. Sentará cátedra sobre concordia civil un personaje que encabeza la organización que sustentó ideológicamente el golpe de Estado de 1936, el genocidio franquista y la represión nacionalcatólica, y que no sólo no ha pedido perdón por todo ello, sino que acaba de beatificar a 80 nuevos “mártires” de la guerra del 36, con los que ya van más de 2.300, siempre, qué casualidad, del bando fascista.
En definitiva, con el sermón paparlamentario del 8J estamos ante un escándalo mayúsculo. Es particularmente deplorable que el Gobierno autodenominado “progresista”, y específicamente “feminista” (ay, Yolanda Díaz), acoja la intervención del papa olvidando todo lo anterior y mucho más, así como cualquier avance en su descuidada agenda laico-democrática. No creo que el olvido se deba a que haya sido seducido por El dulce encanto de la beatería, sino al afán porreforzar algunas de las posiciones en las que más o menos coincide con Prevost frente a la derecha; es decir, con fines electoralistas. Por ello, la visita papal es más un “Acontecimiento de Excepcional Interés Político” que “Público”.
Este decálogo, querido León, no es un ataque a las creencias privadas, sino una exigencia de dignidad democrática que redundará en una colaboración sana entre los dos Estados
Sin embargo, frente al despliegue papal de fáciles brindis al sol (paparruchas, dirán algunos) con los que finalmente defiende intereses muy particulares y terrenales, un Estado social y democrático de derecho no debe ser un Estado como Dios manda, sino como mandan la ciudadanía y los derechos humanos, por lo que ha de imponer su propio decálogo de dignidad laicista-democrática. Un presidente del Gobierno digno debería responder con estos elementos al soberano católico, pues lo que aquí importa y está realmente en juego son las relaciones de España con el Vaticano y la Iglesia, no los temas de IA, migración, paz mundial o colonización de Marte.
En consecuencia, querríamos, en respuesta al papa por parte de un presidente defensor de los intereses ciudadanos, algo como lo que sigue. Con mucha corrección, pero sin que lo cortés quite lo valiente:
«Excelencia [no ‘Su Santidad’], muchas gracias por su discurso en apoyo a la paz mundial [bla, bla, bla], a los derechos de las personas migrantes [bla, bla, bla]…
Pero lo mismo que le he dicho una cosa le diré otras, las que realmente incumben a nuestras relaciones bilaterales. Por cortesía, quiero comunicarle breve aunque solemnemente la puesta en marcha de una nueva hoja de ruta de este Gobierno progresista que garantice la separación efectiva entre Iglesia y Estado, así como el respeto a la libertad de conciencia de las personas en condiciones de igualdad. Lo haré, como deferencia para que le resulte familiar, en forma de decálogo, adaptando sus 10 mandamientos a los propios de un Estado laico (de hecho, algunos pueden parecer casi idénticos). Le anuncio que los ejecutaremos firmemente y con la mayor celeridad posible desde hoy mismo, y lo animo a hacer otro tanto en la Santa Sede. Citaré brevemente cada mandamiento suyo y, a continuación, nuestra versión laicista –basada libremente en la nueva Carta programática de Europa Laica– manteniendo el tiempo verbal; entiéndanse como mandatos al Gobierno y al Estado:
Los únicos partidos que hasta el momento se han negado a participar en la afrenta del 8J son Podemos y BNG
1. [Amarás a Dios…] Garantizarás la libertad de conciencia sobre todas las cosas. Para ello, se anularán totalmente los Acuerdos de 1976 y 1979 con la Santa Sede, que hipotecan la soberanía nacional en beneficio de la Iglesia católica, así como los Acuerdos de 1992 con otras confesiones.
2. [No tomarás el nombre de Dios…] Protegerás la libertad de expresión frente a la censura religiosa. Se derogarán los delitos de ofensa a los sentimientos religiosos. Se defenderá y promoverá la libertad de expresión y crítica sin privilegios ni discriminaciones.
3. [Santificarás las fiestas] Garantizarás la neutralidad institucional. Los cargos públicos no participarán como tales en actos religiosos, ni los promoverán de ningún modo. No se podrá establecer simbología religiosa o ideológica en los espacios públicos. Los medios públicos no realizarán proselitismo religioso ni retransmitirán actos confesionales.
4. [Honrarás a… autoridades] Reformarás la Constitución. Esta declarará que el Estado es laico, y se suprimirá la mención privilegiada a la Iglesia Católica del artículo 16. Se promulgará una Ley de Libertad de Conciencia que sustituirá a la Ley de Libertad Religiosa de 1980.
5. [No matarás] Garantizarás la autonomía moral sobre el propio cuerpo y la vida. El Estado asegurará el ejercicio del derecho al aborto en la sanidad pública, el matrimonio igualitario y el derecho a una muerte digna (eutanasia y suicidio asistido).
6. [No cometerás actos impuros] Exigirás el respeto de los derechos humanos, también en las asociaciones. Se exigirá ese respeto, y específicamente los de las mujeres y del colectivo LGTBI, en todos los ámbitos. Ninguna organización legal podrá discriminar a las mujeres.
7. [No robarás] No robarás. Revertirás a sus dueños los bienes ilícitamente inmatriculados por la Iglesia. Se anularán las inmatriculaciones por las que la Iglesia se ha apropiado indebidamente de más de cien mil bienes desde 1946.
8. [No dirás falsos testimonios ni mentirás] No permitirás el adoctrinamiento infantil. Se mantendrá una educación pública y laica, fomentadora del pensamiento crítico y la ciencia. Los centros privados carecerán de financiación pública y también serán laicos. La Universidad pública será asimismo laica. No se podrá afiliar a los menores en ninguna organización religiosa o política. No se podrá inducir a los menores a “confesar” su intimidad.
9. [No consentirás pensamientos ni deseos impuros] Declararás la imprescriptibilidad de los abusos sobre menores. Se exigirá acceso a toda la información eclesial, reparación integral a las víctimas y, como medida de prevención, se evitarán los espacios de abuso de autoridad sobre la infancia.
10. [No codiciarás los bienes ajenos] Suprimirás toda financiación pública a las religiones. Ninguna entidad religiosa recibirá fondos públicos ni asignaciones tributarias (como las del IRPF), ni disfrutará de privilegios fiscales. El Estado atenderá las necesidades sociales directamente, no a través de caridad confesional. Los intereses privados nunca prevalecerán en el espacio común de convivencia.
Estos mandamientos se resumen en dos: promoverás la laicidad del Estado y garantizarás el desarrollo y ejercicio de la libertad de conciencia en condiciones de igualdad.
Todo esto supondrá, por cierto, el colofón de la conmemoración de los 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco, y un colofón de la Memoria Histórica, que exige, más allá de que la Iglesia pida o no perdón, acabar con graves residuos del franquismo como son el adoctrinamiento religioso en la escuela y las conductas del Estado propias del nacionalcatolicismo.
Este decálogo, querido León, no es un ataque a las creencias privadas, sino una exigencia de dignidad democrática que redundará en una colaboración sana entre los dos Estados.»
¿Dirá algo así Pedro Sánchez –aprovechando que se lo he dejado a huevo–, o todo el acto quedará en una sucesión tan empalagosa como inadmisible de pleitesías y vejaciones ante ese jefe del Estado que socaba la soberanía nacional, merma las arcas estatales y vulnera derechos humanos?
No soy tan ingenuo, y sé que ocurrirá lo segundo; Pedro Sánchez, el PSOE y otros partidos se abonarán al corrosivo aforismo de Groucho Marx “Si no te gustan mis principios, tengo otros”, aunque sin ironía que valga, sepultando los fundamentos laicistas del socialismo. El Estado se mostrará en su pleno confesionalismo nacionalcatólico durante toda la visita papal; hasta Pedro Sánchez irá por primera vez como presidente a una misa.
El confesionalismo –antilaicista y antidemocrático– ha sido históricamente en España cosa de las derechas (aunque no tiene por qué ser así: véase el caso francés, por ejemplo), pero ahora se ha extendido cobarde y lamentablemente, hasta el punto de que los únicos partidos que hasta el momento se han negado a participar en la afrenta del 8J son Podemos y BNG.
Afortunadamente, parte de la sociedad sí se está movilizando: más de 60 organizaciones y centenares de personalidades se han pronunciado contra el confesionalismo estatal ante la visita del papa, y específicamente contra los Acuerdos concordatarios, y han convocado una concentración en Madrid el 4 de junio.
El viaje papal supondrá para el erario un coste estimado en unos 10 millones de euros (5 de gastos directos y 5 de detrimento de ingresos por la declaración de Excepcional Interés Público). Además, habrá una cobertura exhaustiva y devota en los medios públicos, que recogerán muchos actos religiosos y continuas exhibiciones de sometimiento católico de cargos públicos: puro y obsceno proselitismo católico. Sin embargo, la culminación confesional volverá a ser protagonizada, con ominosa “ejemplaridad”, por los reyes. Felipe VI, doblando la cerviz indignamente ante el papa, que “Altísimo” sólo debe haber uno; Letizia, presumiblemente con su vestido y velo blancos como “reina católica”, poco menos vergonzante. Mucho hablar de la “Patria” y mucho representarla, pero continuamente la humillan ante el Vaticano. El trono y el altar, la cruz y la corona, el poder y el poder.
La visita papal servirá pues, por una parte, para el descrédito del Parlamento y las instituciones del Estado involucradas. Por otra, paradójicamente, para la exhibición propagandística de los reyes y de algunos líderes y partidos políticos, encabezados por los del Gobierno. Pero, sobre todo, la tournée redundará en beneficio de los intereses eclesiales, que saldrán muy fortalecidos en detrimento del laicismo, la democracia y la ciudadanía.
No obstante, confío en que a la postre también propicie una mayor concienciación ciudadana sobre la necesidad democrática del laicismo.