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Políticas de cabildeo

Que la democracia es un asunto reciente, así como las evolutivas nociones de orden y progreso, nos lo recuerda Héctor Díaz-Polanco en su ensayo El tiempo en antropología e historia, analizando el pensamiento de Saint-Simon, Comte, Bachofen, Morgan, Marx, Gramsci y Benjamin. En el mismo nos recuerda como el «proceso de rápida expansión imperialista del cual resultara el total reparto del mundo entre grandes potencias capitalistas de la época, se iniciara justamente al final del periodo que nos ocupa [siglo XIX]», siendo denominado por Lenin como capitalismo en extensión. Este proceso tenía a bien imponer la democracia formal al resto del orbe como su justificación moral, hoy, al parecer, superada por su más relevante dignatario al otro lado del océano, continuando el irracional camino trazado, entre otros por Bryan Caplan, desde el punto de vista de la participación negada, estando favorecido por la necesidad de recursiva implementación de la balanza de pagos, y siendo compartida, al otro lado del tablero en que juega la geopolítica, por su homólogo dignatario chino.

Julio Urdin Elizaga, escritor | Naiz | 25 febrero 2026

En todo ello, el pueblo tan solo cuenta, en el mejor de los casos, como contribuyente, y como carne de cañón, en el peor. Sus derechos, si es que los tiene, son progresivamente cada vez más los de un militantismo consumidor, habiéndose perdido aquellos otros más románticos, si cabe, del revolucionario, proletarizado posteriormente, «ciudadano». Y en este dialéctico proceso del tira y afloja, tampoco podría descartarse que el denominado «cabildear» [gestionar con actividad y maña para ganar voluntades en un cuerpo colegiado o corporación, y cuyos sinónimos son los de amañar, arreglar, caciquear, mangonear, gestionar, procurar, de la RAE] fuera reconocido como aquella interlocución imprescindible para el sostenimiento de un sistema basado en la norma legal de los influyentes «poderes fácticos», aquellos que lo son, de hecho, por mayúsculo mor de la Historia, de la Economía, de la Ideología y de la Religión.

Un caso reciente ejemplariza a nivel local tal procedimiento de instancias que juegan a la política en la periferia de la misma. Aquel referido a las inmatriculaciones de bienes patrimoniales por parte de la Iglesia española, recientemente requerido por el Parlamento de Navarra al Estado para una devolución a manos de quiénes por razones de legitimidad histórica y de derecho, desgraciadamente a día de hoy no reconocido, fueran sus auténticos poseedores: la ecclesía, como democrática asamblea, la parroquia como vecindario, y el cabildo como junta o comunidad, cuyos orígenes aún basados en la «creencia» fueran, en todo caso, mayoritariamente profanos. (Siendo cuestión divulgada en diversos foros y soportes como el libro últimamente editado, por la Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro /Nafarroako Ondarearen Defentsarako Plataforma en colaboración con Gobierno de Navarra/Nafarroako Gobernua (2025), en torno al Robo organizado que han supuesto Las inmatriculaciones de la Iglesia Católica).

El modelo de adopción conceptual que en su día pusiera sincréticamente en marcha la institución religiosa hizo de ellos la corporativa iglesia, su lugar de administración y el órgano gestor de la misma, para escarnio de más de un creyente, viendo fusionados la espiritual creencia con el mundanal interés. Si bien, para este y otros tantos casos, debiera haberse contemplado la conveniencia de partir de una sentencia como la formulada por el analítico filósofo Donald Davidson de que aunque «creer algo no hace que sea verdadero, [sí] crea una presunción de que lo es». Davidson concluye, en contexto diferente, pero haciendo que pueda servirnos de acicate, la compilación de ensayos mencionados bajo título de Subjetividad, intersubjetividad, objetividad, con un alegato en favor del diálogo: «Sucede también que la comprensión es asunto de grado: los demás pueden saber cosas que nosotros no sabemos ni quizá podamos saber. Lo que es seguro es que la claridad y efectividad de nuestros conceptos crece con el desarrollo de nuestra comprensión de los demás. No existen límites definidos respecto a lo lejos que puede llevarnos o nos llevará el diálogo».

Esta, sin más, era mi actitud cuando en, a estas alturas ya lejano año de 2007, el medio local “Diario de Noticias” del 15 de noviembre, con motivo de la inmatriculación del templo parroquial de nuestra localidad de Uharte, registrada en el de 2003, diera a conocer un documento fechado en el año 1820 contemplando el diálogo abierto entre cabildo y representantes del pueblo por lo que en el fondo no era sino la titularidad del templo, con el encabezamiento de: «Dos dueños para una iglesia». Para ello, en la mencionada época, se depositó toda confianza en el informe elaborado por el licenciado D. Manuel Subiza y Armendáriz (Abogado de los Tribunales reales), en evitación de conflictos de mayor calado y sin por ello abandonar la opción de recurrir a instancias judiciales si se encontrara causa para hacerlo. Una buena muestra del colaborativo «ethos» basado en el sentido común oculto tras diversas modalidades de patronazgo que defendiera el sociólogo Ernest Gellner. Aunque, si bien es cierto que la realidad del momento actual, tras abandonar el pleito entablado por el municipio contra el arzobispado (legalmente ganado por el último sin agotar su recorrido) ha demostrado que el interés depositado en ello por la iglesia no iba más allá que el de una posesión patrimonial que pueda a futuro devengar ganancias de índole material.

Sea como fuere, al respecto del cabildeo, una posición muy poco davidsoniana en la formulación de Caplan, es aquella que incide en que lo que ellos creen (la opinión pública) nosotros sabemos (los expertos), dejando fuera de concurso la opinión de los más directamente afectados. Con esta motivación, no solamente el espíritu corporativo de la mencionada institución religiosa, sino el de otras tantas agrupaciones, intentan la legitimación de sus cuestionadas prácticas a expensas del orden que sea mediante su promoción o modificación, y, por tanto, evidenciando el que las más altas instancias del ejercicio gubernativo haya venido tradicionalmente insistiendo en la primera a expensas de la última. Cuestión que el caso del cabildeo que tuviera lugar en torno a las inmatriculaciones ha puesto de manifiesto con la teórica imposibilidad, irreversibilidad, de un retorno al patrimonial comunitario. Y ejemplo también del cartesiano efecto del desdoblamiento de la mente, entre alma y mundo, conciencia y entorno.

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Publicado en España, Navarra