- Un rayo impactó en la cúpula del crucero y prendió un fuego que carbonizó varias “maderas de la armadura”
- El obispo Precedo se desentendió del siniestro porque el monumento era “incumbencia del Estado”

Aristóteles Moreno, cordopolis.eldiario.es | 16 de agosto de 2025
La mañana del 29 de mayo de 1910 se levantó borrascosa en Córdoba. Al filo de las dos de la tarde, las nubes descargaron una imponente tormenta de granizo. “Mayores que almendras”, describió gráficamente El Defensor de Córdoba. Sobre las tres, un rayo impactó en la corona del cimborrio del crucero. Sonó un trueno seco y los cascotes de un escudo de escayola cayeron sobre el púlpito de la Catedral.
A esa hora, según indicó la prensa local, se encontraba en el crucero un niño del coro, un anciano, varias religiosas rezando y una inglesa. El periodista también identificó al beneficiado José Luque Ramírez. No fue hasta minutos después cuando alguien dio la voz de alarma sobre una columna de humo que se elevaba por encima de la cúpula de la Catedral. Una mujer y varios señores que se encontraban en la farmacia de Manuel Criado divisaron la humareda que no presagiaba nada bueno.








