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Etiqueta: Mezquita de Córdoba

La Mezquita no es Mezquita

Eso parece o así lo insinúa el señor ministro de la cosa de la Cultura, que la Cultura no quita lo valiente. Pero con tanto tiempo dedicado a la alegría del baile, no ha caído en la cuenta de que la Mezquita fue construida para Mezquita. Y la Catedral para Catedral, sobre el terreno público formado por el solar de la Mezquita. Y el Patio de los Naranjos para juegos de niños, paseos de adultos y regocijo de ancianos. No se construyeron para considerarlo medio de obtener una “ayudita” para el Cabildo catedralicio hasta hace muy poco tiempo, cuando se los apropiaron el Arzobispado ú obispado correspondiente. El señor Ministro reconoce sin rubor el carácter religioso de la Mezquita, pero pasa por alto su superior carácter de Bien del Común. Un bien común no puede ser privatizado por nadie, ni siquiera por el Gobierno, porque debe seguir siendo del Común. De propiedad común.

La Mezquita de Córdoba, una maravilla monumental. Autor: Turismo Andaluz.

Rafael Sanmartín, lavozdelsur.es /30 de diciembre de 2021

Juan José Tamayo: «La mezquita de Córdoba debe desacralizarse y convertirse en museo»

«El obispado de Córdoba se apropió en 2006 de la Mezquita de la ciudad, patrimonio de la Humanidad»

Procesiones en Semana Santa en la mezquita-catedral de Córdoba
  • «Uno de los monumentos turísticos más visitados de España, que devenga alrededor de 15 millones de ingresos anuales que van a parar a las arcas eclesiásticas. Una cantidad que la Iglesia recauda en calidad de limosna y, por tanto, sin obligaciones tributarias»
  • «La defensa a ultranza que hace el Gobierno de la propiedad eclesiástica de tan emblemático monumento arquitectónico demuestra la pervivencia del nacionalcatolicismo»
  • «No contento con la apropiación del edificio y con los pingües beneficios que genera, el cabildo de Córdoba ha forzado la invasión católica del recinto»
  • «La apropiación claramente inconstitucional de la Mezquita y su confesionalización por parte de la Iglesia católica está en las antípodas del actual pluralismo religioso y cultural, constituye un mentís a la historia y es contraria al espíritu de diálogo y concordia que debe reinar entre las religiones y en una sociedad plural»

 Juan José Tamayo, teólogo – Religión Digital | 03.07.2021

Amparándose en unas normas franquistas y en una reforma de Aznar, el obispado de Córdoba se apropió en 2006 de la Mezquita de la ciudad, patrimonio de la Humanidad, por el módico precio de 30 euros. Se producía así uno de los mayores –si no el mayor- “pelotazos” urbanísticos de nuestra historia. Dicha apropiación va acompañada de la explotación económica, por parte de la jerarquía católica, de uno de los monumentos turísticos más visitados de España, que devenga alrededor de 15 millones de ingresos anuales que van a parar a las arcas eclesiásticas. Una cantidad que la Iglesia recauda en calidad de limosna y, por tanto, sin obligaciones tributarias.

La Mezquita que llevamos dentro

Las guerras de la Edad Media, llamadas “re-conquista” por la historia oficial, y los historiadores nacionalistas-españoles, ni fueron ninguna reconquista ni guerras de religión. Ese concepto se añadió mucho después. Sí son ciertas dos cosas: 1) Alfonso III, rey de León, quiso dotarse de legitimidad en su interés en conquistar territorios y se declaró a sí mismo “descendiente de los antiguos reyes de Toledo”. Los reyes de Toledo los reyes godos, nunca se consideraron “Reyes de Hispania”, ese es un título adoptado por los emires y califas de Córdoba. Los reyes godos siempre limitaron su “realeza” al que llamaron “reino godo de Toledo”. Porque no se consideraban hispanos. No lo eran. De llamarse “reyes de Hispania” habrían sido ilegítimos, porque, como invasores, despreciaban a la población autóctona y durante los trescientos años de ocupación de territorio peninsular, desde que aparecieron por la actual Gerona hasta la dominación de la península en 670, se mantuvieron separados. Ni siquiera el decreto de Leovigildo, que permitía las uniones matrimoniales entre godos e hispano-romanos (o simplemente peninsulares), ni siquiera ese decreto sirvió para unificar dos comunidades enfrentadas, porque una de ellas, la ocupante, exprimía, explotaba, robaba literalmente a la autóctona. Aquello no eran “impuestos”. Los godos impusieron el robo al obligar a los nativos, bajo pena de muerte, a entregarles las dos terceras partes de todo el producto de la tierra.

La Mezquita de Córdoba, en una imagen de Cristobal J. Rus Ramirez (flickr.com)

Rafael Sanmartín, lavozdelsur.es / 14 septiembre de 2020